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jueves, 20 de octubre de 2011

Vocaloid:Black vow/fem!Kaito x Miku, menciones de Rin/Len x Miku/Rating T.

Peccavi

.1.

Antes de irse de la Cámara de Arcángeles revisa la habitación de "ella" (no tienen sexo como los sucios mortales pero "ella" siempre adoptó la forma de una hembra humana, antes de conocer a la despreciable criatura que le costó sus alas) y busca la nota escrita con su sangre celestial. La que sabe que existe porque "ella" se le presentó en una visión, gruñiéndole al respecto, con su apariencia masculina que tanto lo desconcertaba y solo le recordaba hasta dónde se hundió.
-Por lo que has hecho, debería matarte. Pero entonces nadie quedaría para cuidar de mi amada. Debes tomar mi lugar y protegerla. Esa será tu penitencia. Confío en ti. Cuando no estás echo una furia, sé que tienes sentido común y buenas intenciones.
La nota no tiene mucho más que decirle que lo que "ella" le pronunciara antes de desvanecerse, pese a sus gritos y súplicas. ¿Tantas esfuerzos por una bastarda criatura de Jehová? Desea matarla dos veces y traerla a "ella" de vuelta, pero tales tratos no existen fuera de fantasías desesperadas.

.2.

¿Debe proteger a la prostituta de Babilonia que "la" hizo caer? Pues qué despreciable. Vuela mientras que aún puede. Sabe que los otros, detrás de sus vacíos pésames y severas miradas de recriminación por no dejarlos ser en el pecado, se ríen de su desdicha.
Va hacia la Iglesia gótica y desciende como un halcón a punto de cazar. Las ancianas que regresan de la misa sienten escalofríos y se persignan. Los niños miran al Cielo, preguntándose qué fantasma ha caído desde allí, que con toda su inocencia, a penas y pueden percibir. Quizás, él sería visible para ellos, si no hubiera cometido una falta debido a su resentimiento. "Ella" y él protegían a los críos que rezaban sus oraciones, siempre que no recibieran ningún telegrama advirtiéndoles de lo contrario. Quién diría que después de cambiarse de bando para favorecer a esa...mala mujer, "ella" sería la encargada de empujarlos hacia la muerte para causarle desdichas a sus padres o meramente para que abandonaran la Luz en agonía. ¿Por qué no todo? "Ella", que se flagelaba con duras palabras impronunciables a sí misma, por no poder salvar a todos y cada uno de los mortales a su cargo, se rebajó a ser una enemiga de los seres humanos, para satisfacer la carne con la que fue moldeada en favor de otros propósitos.

.3.

Se dice que no hay necesidad de adoptar la forma que "ella" tenía cuando bajaba a la tierra. Le traería malos recuerdos. Escoge seguir con el último pedido que le hizo, casi sin reproches por ella misma y sí debido al castigo definitivo que quiso darle a la falsa Magdalena. Localiza a la pecaminosa novia vestida de negro, hincada de rodillas ante el altar, rezando para sí misma. Trata de controlar la repugnancia e invoca el amor que sentía por Dios. Por "ella", ángel de ángeles. Trata de tomar ese amor sin coacciones de por medio y de encontrar la manera de adorar a esa mortal. Postrado al igual que ella, permite que el afecto penetre con la agudeza de una aguja, abriéndole el corazón, sangrándolo. Apreta los puños. Cuidar de ella, ¿verdad? Igual que si fuera su guardián asignado, aunque duda que existan grandes planes para tan diminuta persona.

.4.

Creyó que sería suficiente con revivir las flores que dormían en su florero, secas ya, blancas originalmente, regalo de "ella" cuando era "él". Esperaró a que durmiera para que cuando abriera los ojos, la visión de los pétalos volviendo a ser suaves y coloridos, la convencieran de que no estaba sola. Maldijo la ingenuidad de la mujerzuela al no poner llave en sus cerrojos y se dedicó a colocarla él mismo, dibujando signos de la cábala con fuego azul en las puertas, para que nadie con pérfidas intenciones traspasara el umbral. Se sorprendió un poco por no verse expulsado. Empezó a entender a regañadientes por qué "ella" querría proteger a una niñata tan torpe: no podría salir adelante sin un ángel de la guarda.
(Se preguntó por qué se volteó cuando ella empezó a desvestirse para la hora de dormir)
Su plan no resulta en absoluto. Ella se altera tanto por las flores reanimadas que manda a llamar al sacerdote de púrpura estola para que bendiga su casa y duerme en la Iglesia durante varios días.

.5.

Prueba adoptando forma visible. Sus alas ya se han vuelto opacas y solo le queda arrancárselas, muertas ya. Muerde un cinturón para no pensar en el dolor. Sin embargo, aún está la humillación. Desde tiempos de las Rebeliones, nunca fue acomodaticio y no pretendía caer también. Su cólera solía impulsarlo y terminó por hundirlo. Va a la Iglesia y pregunta por la joven a una alta y joven monja que lleva un rosario rojo enredado en la mano. La mujer, que barría antes de ser interrumpida, lo mira de arriba a abajo y luego monta en cólera, levantando su escoba y comenzando a golpearlo con ella.
-¡Tú no la harás caer de nuevo! ¡Ya no ejerce esa clase de trabajo! ¡¿Me has oído bien?! ¡Arrepiéntete por intentarlo!
Está a punto de dispararle cuando viene el sacerdote y calma con suaves palabras a la endemoniada mujer.
-Le sugiero también que se retire, si es quien creemos, a menos que esté interesado en encontrar la Salvación.
No entiende un bledo cuando le cierran la gruesa puerta de madera en la cara pero odia más y más a los humanos. Ahora sinceramente. La muchacha por la que "ella" perdió sus hermosas alas descorre uno de los cortinados de la Iglesia y lo mira irse con miedo.

.6.

"Ella" parece susurrarle las instrucciones de la que sería su última opción, falladas las anteriores. Ya no tiene alas y su vestimenta es opaca. La burocracia de los Caídos es por algún motivo más dinámica que la de ellos. Quizás empieza a ver ventajas en su nueva situación porque su corazón acaba de ennegrecerse también. Le entregan su nueva apariencia tras un sueño. En el espejo reluce como el petróleo y le parece débil, antes de observar su propia mueca. Igualmente agresiva. Como siempre. La de un guerrero. Se dirige así de nuevo a la Iglesia y esta vez nadie "lo" detiene de cruzar las puertas hasta el patio de juegos, tras preguntar por la mujer que tomará los hábitos de un momento a otro, tras haber vivido una tragedia. La encuentra cuidando de unos niños que a "ella" le hubieran encantado. Una pequeña con un vestido rosado y desgastado esmalte turquesa en las manos pegajosas le abraza la cintura.
"Él" lleva una manzana roja, como sangre brillante y ella la toma sin grandes vacilaciones. Le miente, acerca de que es una disculpa por cómo se portó su "hermano mayor" la noche anterior y se sonroja cuando la joven viuda de un prometido ("ella") comienza a multiplicar la manzana, repartiéndola entre los infantes sin familia, tras agradecerle con una caricia en la mejilla y posándole los tristes ojos un instante.
-Tendré que vivir también aquí. Como no tengo a dónde volver...
La viuda pecaminosa le ofrece una de sus manzanas milagreras y "él" no tarda en tomarla, más sin morderla. Para "ambos" es más atractivo sostener la fruta fría en las manos enguantadas. Girarla, pulirla.
-Yo tengo una casa. Vacía, triste y embrujada. Pero con dos muchachas abandonadas en ella, apuesto a que resultaría menos escalofríante.
"Él" deja que "lo" agarre del brazo con el rubor subido y sin entender mucho de lo que ocurre. Y que de alguna manera, parece encajar bien. A "ella" le gustaría.

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