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sábado, 25 de junio de 2011

Flower of evil/Se-wa x Su in/Rating M.

Maravillas

Se-wa se pregunta qué tiene de maravillosa Su-in para que su hermano se olvide de la conexión especial que poseen, en favor de tontear a su alrededor. Las manos de Su-in huelen permanentemente a crema de limón, sus cabellos teñidos y planchados le caen a lados de la cara como un vapor amarillento y parece creer que mucha de la importancia que pasa por entre sus piernas, guarda relación con su libreta de calificaciones.

No es adecuada para Se-Joon. No comparte su sangre ni devuelve su aroma, no hay modo de que sus groseros ronquidos se acompasen al sueño ligero de su hermano. Se retuerce con un chillido parecido al de un cachorro al que acaban de patear cuando Se-wa le da un puñetazo para que le permita respirar. Sus facciones se arrugan y se encoge un instante, antes de relajarse por completo otra vez, como si nada hubiese pasado. “Se-Joon podría dejarla o morirse y ella seguiría con su vida”, declara Se-wa, convencida de que tiene mil razones para separarlos limpiamente.

Entonces Su-in le toma la mano, aún dormida como una niña, repite el nombre de su hermano y por un instante, los fieros celos de Se-wa cambian de matiz. No dura mucho antes de que se deshaga de esa interrupción para ir a dormir con Se-Joon, pero la hace vacilar y aquello guarda mucho peso, en una forma espeluznante, incluso si te gustan las películas de terror con vampirezas lésbicas. No es la sangre de Su-in la que Se-wa conjura al arrastrarse por la alfombra del pasillo, después de todo.

Flower of evil/Se-Joon x Se-wa/Rating M.

Deriva

.1.

Se-wa es el comienzo de tu vida. Probablemente desde el primer latido de tu corazón, ella está ahí, juntando vuestros labios, apretándote la mano.

Se-wa es la otra mitad de tu vida, no puedes respirar si ella no está cerca de ti y cuando la sientes morir, te mueres de a poco también.

Se-wa es una flor diabólica que está floreciendo. Rezas para alejarte de ella, consigues una novia. Pero no funciona. Tu atracción te empuja a hacer cosas horribles y ríes en la oscuridad al recordarlas.

.2.

Se-wa concede calor a los helados postigos de tu cuerpo y te derrite los cerrojos lentamente, hasta que te das cuenta de que solo ella puede entrar en tu alma y hacer de esta un vil palacio de hermosura frágil.

Abrazas a Se-wa hasta que no puede respirar más y empieza a escupir sangre, diciendo el nombre de otro, que amenazó con separarlos y es como en tus fantasías más negras. La has asesinado, que era lo que temías.

.3.

Él te golpea pero no sientes nada. Dice que es tu culpa y sabes que es verdad, pero lo miras como si fuera transparente, inocuo, imposible de alcanzar en un mundo que ya no te pertenece, porque no existe tu gemela para atarte a él. Tu ancla.

Por la noche viene Se-wa. Le preguntas si no te odia y ella te abraza más fuerte que antes, para que no tengas miedo de hacer lo que debes. Y no lo tienes. Es un pequeño desgarro para salvar otro mucho más grande.

Crossover:The lady in the water x Peter Pan/Story, Peter/Rating T.

Escolta

Montada en la espalda del Águila, agradece a sus amigos humanos el regreso que le espera en Mundo Azul. La leyenda con la que trabajaron era bastante exacta. Excepto por una cosa, que es ante todo un bonus.

-He oído que has comido carne de Scrunt.

-¡Peter! Estaba esperándote.

-El siempre Niño Rey de Nunca Jamás, acompañará a la Reina del país vecino hasta las puertas, como todo un señorito.

Él flota con su propia comitiva de niños eternos, a medio metro de Story, vestido de verde y con trozos de nube en el cabello revuelto.

-Tu madre estaría orgullosa.

Flower of evil/Gi-Hoon x Se-Joon (dub-con)/Rating M.

El nombre correcto

Temen que vuelva a buscar la muerte y solo habla con su gemela, el aire ausente de un demente y famélico.

-Gi-Hoon, nos alegra mucho que hayas venido. Su-in vino también esta mañana pero solo la ha ignorado.

Tampoco es que no ignore bastante a Gi-Hoon, que quería lastimarlo y humillarlo con lentitud, en venganza por el fin perfectamente evitable que tuvo Se-wa. Su único signo de reconocimiento, cuando Gi-Hoon pasa las yemas de los dedos por su rostro, antes de aferrarle las muñecas con fuerza para obligarlos a juntar los cuerpos, es un leve temblor húmedo en los ojos.

Real person/Saint Germain (Cagliostro) x Erzsébet Bathory/Rating T.

Viajemos

Han pasado más años de los que puede contar y duerme. Ya no le dejan comida. Creen que ha muerto. No se acercan al castillo porque consideran que ella lo ha embrujado. Pero hay alguien detrás de Erzsébet y esta pronuncia el nombre de su querida Darvulia, la única capaz de sorprenderla de esta forma. Se encuentra con un Caballero de vivos ojos castaños y tez olivácea que le sonríe. Erzsébet le muestra los dientes afilados. Aún se considera una mujer casada.

-Mi madre me ha hablado de usted, magnánima señora de la Sangre, a quien sirvió fielmente. ¿Vendrá conmigo?


Shrek/Fiona,la Dragona/Rating K+

Verdaderas amigas

Fiona y ella se parecen mucho. Ninguna pensó que sería conquistada por exquisitos y exóticos galanes, excelentes en la cama: prueba la fertilidad de las dos. No le juró lealtad porque fuera la princesa del Lejano país, después de haber guardado su castidad durante años. Eran amigas y compartían el mismo destino en el pantano.
-Si por mí fuera, mi fiesta de bebé sería solo contigo, en serio.
Y la Dragona así lo cree, mientras que sopla en el horno del castillo para que se asen los panecillos bajos en calorías que repartirán a las molestas amigas falsas que recibirá.

Shrek/Fiona centric/Rating K+

Hogar, hoguera

No tiene una voz literalmente encantadora como la de Blancanieves, pero Fiona todavía canta a sus bebés. Las voces de los ogros tampoco saben ser delicadas, pero ellos se retuercen satisfechos después de eructar contra su hombro. Son horribles y divinos, como ella y Shrek cuando se aman. Fiona no puede pedir más.
-¿Estás segura, prima, de que no quieres quedarte? Shrek ha sido como un padre para mí. Le debo mi corona, por no hablar de mi vida.
Pero su corazón es un pantano en el que las flores silvestres anidan tranquilas. Nadie las arrancará acusándoles de ser hierbajos.

Crossover:Hannibal/Mai-chan's daily life/Mai,Kaede,Hannibal/Rating T.

Convivium

-Vístete, Mai. Hoy tenemos un cliente muy especial.
Le dolía el vientre por una ausencia que no podía precisar.
-¿Es un político otra vez?
Kaede sacude la cabeza, llevándola hacia los sótanos.
-Es un médico muy respetado en su ámbito.
-Comprendo.
Si vivía de curar a las personas, quizás no se ensañaría con Mai. Ella sonrió.
-Doctor Lecter, aquí está a quien usted esperaba.
Era un tanto espeluznante y Mai no pudo evitar sonrojarse y temblar.
-Está usted en un error, Madame Kaede. Estoy más interesado en usted. Joven Mai,¿le importaría subir a la cocina para preparar una sartén caliente?

Valemont/Maggie centric/Rating T.

Clásico

“Carmilla Burana” sonaba en su celular cada vez que Eric le mandaba uno de esos mensajes crípticos sin firma, provocativos e irritantes, por no hablar de tenebrosos. Pero descubrir su propia naturaleza ya era así de terrible, así que el agregado de su hermano, muerto pero no del todo, es meramente un extra prescindible e inquietante. Luego se disuelve entre los dedos de Maggie, que recuerda las tardes de sol con la madre que ahora está loca y antes también muerta. Quiere maldecir a Valemont. Al Orden que ha protegido. A su profesor. Y no puede más que aliviarse sinceramente.

Mai-chan's daily life/Mai, Kaede/Rating T.

Día 7. Máximo 100.Drabble diario.

Sin sangre

-¿Te duele mucho, Mai?-pregunta la señorita Kaede, arrodillándose. Has perdido ambas piernas y tus brazos están pelados.
-Mucho…-Ella comienza a abrir los grilletes de tus muñecas para depositarte en el suelo.-…Gracias, señora. Y-yo…¿he hecho algo mal?-comienzas a llorar. La señorita Kaede se pone de pie para asir el látigo de la mesa con elementos de tortura.
-Solo nacer.
Y si ella lo dice será cierto, porque la señorita Kaede es una mujer rica y culta, a diferencia de ti, una simple sirvienta y esclava sexual. Te alegra que aún te considere digna de oír su voz y entregarle tu dolor.

miércoles, 8 de junio de 2011

Crossover:Good omens x Thief lord/Azirafel,Crowley, Escipión y compañía/Rating T.

026.Cerveza. Fandom insano.Tabla alcohólica.

Nelle altre mani

Azirafel se entretuvo más de lo que debiera en una oscura librería lleno de viejos volúmenes polvorientos a buen descuento. Quería nuevos ejemplares para su colección en el depósito del Soho y era una excelente ocasión como para dejarla pasar, a pesar de que notó que los niños a los que debiera seguir acababan de doblar por una esquina y perderse de su vista. Suspiró y bajó la guardia, lo que bastó para que tropezara con alguien, cuyo olor a colonia barata y azufre conocía bien. Solo bastaba el viejo Buick y las cintas de David Bowie que solía escuchar.

-¿Crees que tengan un plan especial para nosotros al hacer que nuestros caminos se crucen con esta frecuencia?-Se apartó para ver mejor al demonio de ojos huidizos, que siempre parecía estar de mal humor.

-Solo falta que me digas que vas detrás de esos huérfanos también. Estén donde estén ahora.-Señaló Crowley con el pulgar en la dirección que Azirafel tenía en la mira unos segundos antes.

-Solo podemos hacernos cargo de aquellos que desean ser salvados, a pesar de que cuidamos sinceramente a todas las…

Con una mirada cortante, Crowley le dio a entender que le sería conveniente detener la perorata preparada para esas ocasiones.

-El autodeclarado Señor de los Ladrones es mi presa. Ha ofrecido todo lo que tiene y lo que no para que nadie se entere de lo que es realmente y acaso para llegar a hacer su fantasía mitomaníaca una verdad.

Azirafel sacudió la cabeza, reprobatoriamente.

-Ese también ha pedido mucho en favor de sus protegidos. Sin embargo, son ellos mi misión, no él. Los hermanos, al menos, deben regresar con su tía y enseñarle a abrir su corazón.

-Ya me estudié el caso al dedillo de esa mujer. Me parece que se vendió por unos azulejos antiguos que quería para su casita en Londres.

Crowley prendió un cigarrillo y ambos meditaron qué hacer a continuación, decidiendo beber un café tranquilamente y luego monitorear el cine en el que supuestamente se escondían. Azirafel disfrutó de tener su propio tablero de ajedrez, aunque le bajaba la moral estar al tanto de que formaba parte de uno millones de veces más grande, quedándose seguramente con menos que más. Crowley era demasiado gruñón, pero no debía disgustarle verlo, si acaso hasta le palmeaba el hombro como si fuesen viejos amigos y no solo archienemigos que se conocen desde hace suficiente como para olvidarse a veces de tal título, con bastante simpatía.

jueves, 2 de junio de 2011

Crossover:Dark tower x Claymore/Roland x Teresa, Jake, Clare/Rating T.

Como un viento

Ka. Esa es la primera palabra en la Alta Lengua que se dibuja en la mente sólida del pistolero, que jamás mira dos veces a un par de parroquianos, a menos que luzcan peligrosos.

Y no es que esa mujer que acaba de entrar con su hija lo sea, desde luego. Y no es una sorpresa que Roland Deschain ignore que no son tales. Que no hay nada más lejos de una orgullosa prostituta (tal vez casada con un hombre de bien, que viaja por negocios) con su prole de dudosa procedencia, que Teresa, la de la Débil sonrisa, cargando a la que es su hermana espiritual, llevándola de la mano por el desierto, sorprendida por no oír siquiera una queja escapando de los labios paspados por el calor que ha caído sobre sus cabezas desde la mañana.

A Jake Chambers también le fue imposible ignorar a las dos jóvenes. En primera porque su padre era la clase de hombre que le inculca desde temprano a sus hijos, la costumbre de admirar con palabras que una monja podría considerar impropias, los atributos más destacados de cualquier mujer con la que se toparan sus ojos. Y aunque Jake considerara a su proveedor de esperma un sincero imbécil, había cosas que le costaba olvidar, una vez aprendidas.

Tanto andar en una bicicleta de siete mil dólares, como disparar un arma entraban en esa categoría. Aunque primero supusiera que la mayor de las muchachas era probablemente un hombre (corpulento y enfundado en una capa raída), una vez despojada del ligero abrigo que usara para protegerse del sol y el viento, descubrió curvas tan voluptuosas que probablemente hubieran salido en una de esas revistas que su padre guardaba cerca de la cocaína en su estudio. Y si no en la portada, al menos en una de esas páginas que se despliegan, convirtiéndose en posters fácilmente.

Clare contempló con ojos absortos la leche fría que le sirvieron en un vaso empañado por polvillo, como si los clientes frecuentes del bar estuvieran acostumbrados a usar íntegramente los chops de cerveza y las pequeñas copas de ginebra, que se mantenían sino brillantes, al menos aceptablemente higiénicas, colgando sobre la barra. Le gustaba más admirar el color y la textura de los alimentos que llevárselos a la boca, lo que le hacía sentir pesada, más tarde y con ganas de dormir. No quería que Teresa la abandonara (confiaba en sus palabras, acerca de no volver a hacerlo nunca, pero tenía inquietudes viscerales y no encontraba la forma de apagarlas) en una posada remota para que unos nuevos extraños cuidaran de ella. Y MENOS, unos tan sombríos como los que abundaban en ese lugar. Todos tenían los ojos rojizos por el alcohol y vestían prendas oscuras, que olían a penetrante sudor masculino. Malos recuerdos querían aflorar, pero enterró la frente en los brazos de Teresa y los ahogó de nuevo en su aroma, que era sutil, delicado, al menos a su gusto.

Por supuesto que así como a ellos no se les escapó la presencia, los unos de los otros, también el cantinero alzó la vista sobre su hombro para consultar un cartel amarillento en el que resaltaban con negrita borrosa, los nombres de los fugitivos más buscados en las ciudades más grandes del continente. Nunca se sabía quién podía caer en ese camino tan concurrido.

***

Teresa limpió la hoja de su espada con un paño que lucía menos que infectado, abandonado sobre el mostrador, tras preguntarle secamente (por cinismo o educación, que el lector elija) al dueño del bar (que había perdido un brazo en la pelea que se desarrolló con brevedad pero no menos que barbarie una vez que llegaron las escasas autoridades del pueblo a apresarles) si tenía permiso. Recibió un chillido y el viejo regordete simplemente se encogió bajo el mostrador en el que se había escondido, presa del pánico, al notar que no podría tomar a la niña en medio de la confusión (dejaremos sus intenciones a la imaginación del lector, también), lo cual le costó mucho más caro de lo que supuso al ver que la presunta madre estaba ocupadísima despachando parroquianos violentos.

Roland a penas y había tenido que mostrar sus pistolas, antes de que los hombres se dispersaran, dejando la taberna vacía, inclusive las autoridades que no deseaban verse desprovistos de miembros importantes, sabiendo que bien podrían necesitarlos para desempeñar diversas tareas que el día a día imponía. Le alegraba no haber desperdiciado una sola bala en esos gusanos pueblerinos sin historia alguna, que según sabía, levantaron esa pequeña ciudad décadas antes. La otra se perdió en un incendio tras una quema de brujas que acabó en demostración de que la maldad existe y no le gusta que traten de prenderla fuego. La historia le trajo malos recuerdos, pero al tener a Jake consigo los acalló pronto. Lo mismo le sucedió a Teresa al ver amenazado (siquiera ligeramente) su objeto de afecto.

Ahora se miraban con recelo. Roland le mostró las manos vacías, sin nada en ellas que pudiera hacer de arma y sin más, señaló hacia su cadera. Los ojos de Teresa bajaron solo un momento y su boca se curvó. Su semblante se relajó un poco, el agarre de la muñeca de Clare disminuyó.

-Salgamos de este lugar. –Sentenció finalmente.

-Hemos parado por provisiones y no podemos irnos sin ellas. Sería imprudente cruzar el desierto así.-Explicó Roland, aunque era obvio. Escudriñó a Clare, que parecía querer esconderse dentro de la piel de Teresa, tan cerca suyo estaba, a penas asomando por debajo de su capa.

Teresa suspiró, puso los ojos en blanco y finalmente guardó la espada en su funda, antes de dirigirse al posadero con los dientes apretados y los ojos afilados como dagas:

-Prepáralas entonces, que hemos pagado por ellas.

Dos hombres de heridas menores interpretaron los gemidos adoloridos del mencionado y obedecieron al pedido, que parecía más bien una suave amenaza de muerte ante cualquier negativa.

***

Jake se interrogó a sí mismo acerca de los adultos en general. Por qué buscaban mentiras cuando no querían admitir sus intenciones. Vio en sí mismo algunas tendencias de esa clase, sobre todo en presencia de maestros o de la única criada que le caía bien. De sus padres, cuando se notaba que no tenían tiempo para escuchar nada que no hablara de éxito. Pero Roland era diferente. Jake esperaba que su forma de comportarse en ciertos tópicos no fuera igual a la de esa familia falsa e impura que dejó atrás para convertirse en un pistolero. O ser arrollado por un auto. Vaya a saber.

Roland caminaba con la mujer que parecía salida de una Playboy, si es que en las Playboys dejaban a las mujeres caminar con esa dignidad que la envolvía. Jake lo dudaba. Al mismo tiempo, trataba de hacer de cuenta que no los escuchaba. Caminaron a pocos metros, sosteniendo las riendas de la mula que utilizaron para cargar con las provisiones, prometiendo compartirla hasta hacer arribo a la siguiente ciudad capital en la que pudieran pedir un cuarto sin preocuparse excesivamente por ser descubiertos. En un lugar grande, los forasteros abundan y la gente hace la vista gorda, absorta en sus propios problemas.

Afuera el aire era pesado, pero se enfriaba rápidamente a medida que la noche comenzaba a cernirse sobre sus cabezas. Jake apreció la lenta transformación que por las horas fue suavizando levemente las facciones duras de la mujer. Primero miraba a Roland con desconfianza, como si acaso ya supiera bien cómo eran todos los hombres y no guardara ningún interés en ellos. Después contemplaba la pistola y a la vez dejaba que él alabara su espada, coloreando la tristeza en la plata reluciente como un filo que eran sus ojos.

Sin embargo, lenta pero seguramente, el espacio entre los dos se hacía más estrecho, mientras que la niña (¿Clara, Claire o Clare? Algo así, solo lo escuchó salir de los labios de su madre una sola vez, acompañado de un gesto que valía por diez mil besos en la frente y cincuenta millones de cosquillas en el estómago, tan luminoso y cálido que era. Jake se dijo que si su propia progenitora le hubiera dirigido en algún momento esa caricia de lejos, siquiera una que fuera la mitad de importante, habría mandado a Roland a volar con su propuesta de abandonarla) y él se iban quedando atrás. No tanto como para que pudieran perderlos, desde luego. Bastaba con correr los metros de diferencia como para llegar de nuevo a donde estaban los adultos y en el medio de la nada, con voltearse bastaba. Incluso insistieron en que era menos peligroso para ellos: testeaban el terreno para ver si había peligros. Parecían estar repentinamente de acuerdo, a pesar de la cautela que se dirigían entre simpatías.

A Jake le correspondía cuidar de la hija de la mujer. Le tomó la mano, huesuda y sudorosa, fría y soportó que le dirigiera una mirada lejos de ser propia de la una muchacha cortejada. Debía tener su edad o ser más joven, inclusive. Era alta, de complexión delgada al punto de la enfermedad. Se la imaginó con el uniforme de la escuela a la que fue en otro mundo tan lejano, como hija de algún magnate golpeador. La clase de chica a la que las demás golpean por gusto en los recreos. La clase de niña a la que los alumnos de grados superiores arrastran a salones oscuros para entretenerse, de la peor manera posible, sabiendo que no dirá nada y que más allá de llorar, una vez que tapen su boca con una mano, ahogando los gritos, ya no dará problemas.

-¿Sabes? Creo que tú y yo vamos a acampar lejos de ellos también. Y a oír cosas extrañas, pero no te asustes. No es que los adultos se ataquen, solo van a jugar…

Jake no sabía ni qué esperar de su parte. Ya había intentado hacer conversación y eran puros monólogos, a veces levemente respondidos con miradas profundas, frías como pozos a cuyo interior la luz regresó hace muy poco. Le gustaba esa niña y la cuidaba bien. En Piper, la hubiera defendido a fuerza de llevarse golpizas. Estaba convencido de ello.

Clare, Claire o Clara, como sea, se detuvo en seco y comenzó a llorar el nombre de su madre. No paró hasta que ella se dio vuelta y regresó para tomarle de la mano en lugar de Jake, adelantándose hacia la mula. Roland volvió sobre sus mismos pasos con las manos en los bolsillos. Despeinó a Jake. Había tal soltura en sus movimientos, que este último sospechó que ese pequeño intermedio no representaba una frustración para el final que la lógica le había dictado como probable.